La boda de Jon y Verónica en Hondarribia, Guipúzcoa

Hoy os traemos la boda de Jon y Verónica. Una boda que fusiona a la perfección dos culturas, la chilena y la euskalduna. Os va a encantar!! Así nos lo cuenta Verónica…

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Nuestra boda fue la unión entre 2 culturas: yo vivo hace 9 años en San Sebastián y me encanta. Aunque soy Chilena, también he vivido en otros sitios y me considero una persona multicultural. Jon es todo lo contrario a mí, un vasco de pura cepa, muy arraigado a su tierra, a su idioma, su cultura y su gente.

¿Dónde te preparaste para el gran momento?
Por un tema de conveniencia pasamos la última noche en un hotel cercano a la peluquería (Peluquería Isabel) y el maquillador (Instituto de Belleza José Ramón) mi madre y yo. Para nosotras era un hotel especial, ya que ahí se habían alojado mis padres cuando venían a hacer las primeras visitas. Nos trataron como reyes y ahí se alojaron también los invitados que vinieron de fuera.

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¿Dónde compraste tu vestido? ¿Y cuáles fueron tus zapatos de novia? ¿Y tus complementos?
Yo buscaba un toque vintage y elegí el vestido Oropel de la colección 2014 de Aire Barcelona. Me pareció muy original y elegante: era de mikado, tenía un cinturón de pedrería en color natural y unos preciosos lazos en la espalda. El velo, los guantes y la capelina también fueron de allí.

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Yo no quería los típicos zapatos de novia blancos, quería algo un poco Art Deco. Cuando conocí los zapatos de Rachel Simpson que venden en Egovolo, me enamoré de su colección. Escogí las sandalias de novia Mimosa en color Menta y Champan. El turquesa era el color de la boda, así que eran perfectas. Aunque no soy de tacones, los aguanté muy bien y los llevo encantada hasta el día de hoy.

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Mi peina fue “Peina de Novia Agua Dulce” de Ivory & Co también en venta en Egovolo. La escogí porque le daba el toque final a mi look vintage de los años 20.

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Los pendientes los cogí de una tienda llamada Atlantis en San Sebastián. Eran hechos en Francia, por una casa especializada en joyas estilo vintage, tenían microperlas y una piedra natural color blanco tornasol.

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¿Cuál ha sido tu experiencia de comprar en Egovolo.com?
Mi experiencia fue buenísima, me quedé muy a gusto.
Conocí Egovolo porque tenía fichados los zapatos de Rachel Simpson que es una firma inglesa y quería encontrar alguna tienda que los vendiese aquí en España. Tenía grandes dudas acerca de si aguantaría los tacones de esa marca todo el día, pero estaba enamorada de esos zapatos y no me gustaba nada de lo que había en las tiendas locales de San Sebastian. Tuve un largo y tendido chat con Lucía, una chica encantadora, que tuvo mucha paciencia, y me contó interesantes anécdotas de otras chicas que habían llevado zapatos de esa marca en sus bodas. Me asesoró acerca de mi vestido y me dio el empujoncito que necesitaba para decidirme por los zapatos de mis sueños. ¡Menos mal!
En el caso de las peinas estaba entre 2 modelos. Como la política de devolución da un amplísimo margen para devolver un producto y la devolución es gratuita, pedí los 2 modelos. Así llevé ambos modelos a la peluquería y me pudieron asesorar mejor acorde al peinado elegido. A la vuelta de la luna de miel gestioné la devolución de la otra peina y la verdad que fue todo muy rápido y cómodo.

¿Y tu ramo? ¿Que flores elegiste?
Mi ramo fue hecho por las chicas de Flowers & Co que fueron también las que se encargaron de los prendidos, las flores para la iglesia y toda la decoración. Quería algo luminoso, de colores rosa vivos, junto con verdes ácidos, muy primaveral.

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¿Dónde fue la ceremonia de la boda? ¿Y el banquete?
La ceremonia de boda fue en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, patrona de Hondarribia. Esta Ermita erigida en el s.XVI está en el monte Jaizkibel, que ofrece preciosas vistas sobre Hondarribia y toda la Bahia de Txingudi.
No podría haber sido en otro sitio mejor, ya que el novio es de Hondarribia y desfila incluso en el alarde que cada 8 de septiembre va hacia la ermita, conmemorando la victoria en 1638 contra las tropas francesas, y haciendo una descarga en honor a la virgen.

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El banquete fue en Beko Errota, un tradicional caserío con preciosos jardines, riachuelo, viñedos e incluso sidra propia. Es un sitio muy popular entre la gente de Hondarribia, ya que es amplio, tiene facilidades para postboda y da muy bien de comer.

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Nuestra celebración de amor debía reflejar esa fusión entre Chile y Euskadi, lo cual plasmamos de diferentes formas:
Hubo dantzaris a la salida de la iglesia y a la entrada del restaurante un cartel de bienvenida “Chile y Euskadi, Ongi Etorri – Bienvenidos”. Los nombres de las mesas eran nombres de sitios chilenos que hacían alusión a la historia personal de la familia de la novia. En la mesa presidencial había un gran banderín que ponía “Chile & Euskadi”. En el Candy bar había carteles con cumplidos en euskera y piropos chilenos con su característica picardía. Había cupcakes de sidra aludiendo a Euskadi y otros de dulce de leche representando a Chile. Cuando empezó la fiesta, hubo pisco sour (cocktail chileno) para quién quisiera probarlo, además de otros cócteles.

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¿Qué regalasteis a vuestros invitados?
Como en la temática de la decoración había mucha jaula de pájaro con flores, optamos por regalar unos tortolitos de porcelana que eran salero y pimentero que iban muy acordes. ¡Dicen que trae buena suerte!

¿Cortasteis la tarta?
Si, la tarta la ponía el restaurante y era parte integral del postre. Cortamos un trozo para cada pareja de muñecos que regalamos, que fueron 2.

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¿A quién regalaste el ramo de novia?
A mi buena amiga Irene, a quién conocí nada más llegar a San Sebastian y que siempre ha estado a mi lado. Para que la canción puesta durante ese momento, no me delatase, el DJ primero puso “Pretty Woman” y cuando mi amiga recibió el ramo sonó “Me colé en una fiesta de Mecano”. Fue muy emotivo.

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¿Qué sorpresas hubieron en la boda?
Sabía que en algún momento iba a haber txalaparta, lo que no sabía era que tocarían la marcha nupcial. Me pareció increíble, fue de los mejores momentos de la boda.

Yo tenía preparada una sorpresa para mi padre. Un baile padre-hija muy especial: como mi padre es buen bailarín, le pedí al DJ que lo llamé por megáfono para que viniera a bailar conmigo. Empezó a sonar una canción de cueca (“La Consentida”) que es el baile nacional chileno y que se baila con pañuelos en la mano. El DJ ya tenía preparados los pañuelos, así que después del susto inicial, a mi padre no le quedó más remedio que bailar. Al final yo creo que terminó disfrutándolo más que yo, fue su momento de gloria y el numerito causó furor entre los demás invitados, muchos de los que no habían visto nunca antes ese baile.

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