(Parte I)… La habitación del hotel era pequeñita, pero tenía un encanto parisino muy especial. La pared de enfrente tenía un cuadro colgado con un corazón grande donde ponía «Je t’aime» y el hecho de estar los dos allí, juntos, en París, hacía que me recorriera un escalofrío por el cuerpo con cada mirada que él me dedica. Algo ocurría…
Me pidió que me diese mucha prisa ya que llegábamos tarde al espectáculo de Tango, así que rápidamente me arreglé para la ocasión. Él llamó a un taxi y cuando bajamos a la calle ya estaba esperándonos. En inglés (ya que de francés ni una palabra) le dijo al taxista que se direa mucha prisa, enseñándole un papelito con la dirección. ¿Hacía falta correr tanto para ir al Tango?
De pronto, nos encontrábamos en los pies de la Torre Eiffel, en uno de los embarcaderos del río Sena. No íbamos al tango, íbamos a hacer un crucero por el río mientras sonaba Jazz en directo. Que más puedo decir: París de noche, cena romántica, música suave y el hombre de mi vida.
Mi vida comenzó a pasar en negativos, como si de una película muda se tratase. Eran fotografías que él fue entregándome, una a una. Nuestra vida plasmada en papel fotográfico ¿te acuerdas de esto?, ¿recuerdas aquel día?, me decía.
Mi corazón latía cada vez con más fuerza y no pude evitar llorar de felicidad. Ya estábamos llegando al postre y entonces…
Continuará…
Pd. ¿Te apetece contarnos tu pedida de mano? Mándame tu historia con alguna foto a carmen@egovolo.com y la publicaremos. Podemos servir de inspiración para las futuras pedidas 😉